Desde el punto de vista americano, las mudanzas pueden ser una de las experiencias que mayor estrés produzca en la familia, y más en el niño. Esto ocurre por la dificultad de los mismos para integrarse en los grupos de iguales dentro de su nuevo entorno escolar, lo que puede producirle ansiedad y aburrimiento.
Este aspecto puede afectar a distintos niveles del desarrollo psico-evolutivo del niño, interrumpiendo la separación progresiva de sus padres por los reajustes de autoridad entre compañeros o afectando a las relaciones emocionales del adolescente que pueden llevarle a la depresión.
En muchas ocasiones, las depresiones juveniles pueden ser debidas más al desconcierto de uno de los padres que a la propia mudanza, con lo que la importancia de la integridad familiar es palpable. En cualquier caso, el psiquiatra juega un papel muy importante en la readaptación de los niños, y como no, enseñara a los padres a llevar el mando de la situación.
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